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Tenemos Caballito… otra vez

Después de una ardua restauración podremos apreciar nuevamente la escultura afectada en 2013 tras una fallida intervención.

Cualquier chilango que se respete conoce la historia reciente de El Caballito, la escultura ecuestre que se encuentra entre el Museo Nacional de Arte y el Palacio de Minería de la UNAM. En 2013 fue tema de polémica por una fallida intervención con ácido nítrico que afectó cerca del 45 por ciento  de esta obra de Manuel Tolsá.

La obra que representa a Carlos IV hecha de una aleación de cobre, plomo, zinc y estaño con una estructura interna de hierro forjado fue al fin descubierta después de tan penosa intervención que derivó incluso en una denuncia ante la PGR.

“Es un gran día para la Ciudad de México y para los mexicanos, tener ya realmente cabalgando nuevamente a nuestro caballito nos llena de orgullo a todos los mexicanos”, destacó María Cristina García Cepeda, titular de la Secretaría de Cultura Federal.

La entrega al pueblo mexicano se hizo después de más de tres años de trabajos. Foto Leticia Ayala.

La entrega al pueblo mexicano se hizo después de más de tres años de trabajos. Foto Leticia Ayala.

La inversión para reparar aquél error sumada a la restauración regular ascendió a un costo de 7.5 millones de pesos el proceso para devolver la majestuosidad de la escultura se llevó a cabo en dos fases, la primera consistió en una investigación histórica, diagnóstico y proyecto ejecutivo; la segunda consistió en los trabajos que incluyeron a la UNAM y al IPN.

“Había afectaciones en cerca de un 45 por ciento de las superficie total de la escultura generando una decapación superficial del metal y la eliminación de todos los materiales que estaban sobre la superficie de la escultura”, detalló Liliana Giorguli, coordinadora nacional de conservación del patrimonio cultural del INAH.

Entre las problemáticas que presentaba la escultura además de las causadas por la intervención fallida, se encontró que contaba con una superficie inestable susceptible a la corrosión, formación heterogénea de productos de corrosión, una capa de polvo y hollín, así como escurrimientos por lluvia.

El pedestal de la escultura presentaba pintas, manchas de fierro y cobre disueltos, desprendimientos, manchas por humedad entre otros. Cabe destacar que existía una cápsula del tiempo que fue colocada cuando la obra fue trasladada en 1979, la cual fue afectada por humedad por lo cual se restauró su contenido y el INAH agregó detalles de la restauración y una sorpresa que no fue revelada.

Entre los secretos que la escultura reveló a sus restauradores fue que el color verdoso de la escultura no era resultado de la oxidación de sus materiales sino un recubrimiento de pintura verde-marrón de técnica al óleo que Tolsá aplicó en la misma.

El Caballito renovado. Foto Leticia Ayala

El Caballito renovado. Foto Leticia Ayala

También, durante este proceso descubrieron que el monumento recibe vibraciones del paso del metro, por lo cual buscaron el modo de estabilizarla para que se conserve el mayor tiempo posible.

“Veíamos que tenía una pequeña inclinación, cada vez que pasa el metro hay una especie de ondulamiento en el terreno que de alguna manera recibe el monumento, era importante reconocer que esos hundimientos diferenciales no afectaran”, señaló Antonio Balandrano, Coordinador Nacional de Monumentos Históricos del INAH

En el proceso de restauración participaron 40 personas de manera permanente y un total de 157 trabajadores de distintas disciplinas.

Sin duda ver nuevamente al Caballito sin andamios y completamente renovado complementa la vista de la plaza Tolsá con todo el encanto del Centro Histórico de nuestra ciudad.

 

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Leticia Ayala Ramírez

Comunicóloga con aspiraciones periodísticas egresada de la UNAM. Fan de las tradiciones mexicanas, trajineras culturales y terca enamorada de Chilangolandia

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